La maternidad ha sido, desde tiempo inmemorial, y lo sigue siendo, la mejor excusa de los poderes fácticos para mantener la división sexual del trabajo (producción/reproducción-cuidado) y las múltiples discriminaciones que de dicha división se derivan para las mujeres: expulsión del mercado de trabajo, altas tasas de contratación a tiempo parcial, menores salarios, dobles y triples jornadas, falta de autonomía económica-personal, violencia de género, pobreza, etc., etc.
Desde la PPIINA creemos que el efectivo control de las mujeres sobre su maternidad es una condición necesaria, junto con otras diversas, para cambiar este estado de cosas y hacer posible la igualdad real entre mujeres y hombres. Además, impedir este derecho democrático elemental sería un atentado inaceptable contra la libertad y contra la vida: pondría en peligro la vida de muchas mujeres que se verían obligadas a recurrir a abortos clandestinos.
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